Por mejores prácticas se entiende un conjunto coherente de acciones que han rendido un buen o incluso un excelente servicio en un determinado contexto y que se espera que, en contextos similares, rindan similares resultados.

Éstas dependen de las épocas, de las modas y hasta de la empresa consultora o del autor que las preconiza. No es de extrañar que algunas sean incluso contradictorias entre ellas.

En el caso de las compañías, no es tan sencillo

Una organización es siempre un caso particular en el entorno en el cual se encuentra inmersa.

Tanto las situaciones geográficas puras –como la distancia a centros de abastecimiento y consumo; facilidades de acceso vial, energético y de comunicaciones-, así como las situaciones político-administrativas –las que quedan determinadas por pertenecer a un país, provincia o distrito específico-, las comerciales –como el tamaño, madurez, gusto y cultura de mercado- y también las humanas –cultura laboral, capacitación del personal, skills y experiencia disponible- impactan directamente en sus posibilidades de desarrollo y determinan sus condiciones particulares y las diferentes circunstancias de cada empresa.

Desde este punto de vista, las generalmente aceptadas “best practices” (mejores prácticas) seguramente vayan a tener que ser adaptadas a ese entorno particular e individual, para que realmente resulten ser las más eficientes y eficaces.

Y aquí es dónde las prácticas embebidas en los sistemas modulares imponen un “corset” difícil de modificar, por lo que la organización se ve obligada a adoptar esa práctica que, con seguridad, tratará de ser óptima desde el punto de vista del origen de la solución o el criterio y expertise adoptado por la software house que libera el producto aplicativo, pero que se convierte en una mera regla para la organización, pues desconoce esas condiciones y circunstancias particulares en que se encuentra inmersa.

Resulta así probable que las organizaciones se tengan que “reorganizar” en base a esas pautas, o pasar por penosas modificaciones al código embebido en la programación, u organizar alguna solución intermedia que amortigüe, disimule o establezca algún tipo de interface con dicha práctica.

Los sistemas procedurales

En los sistemas procedurales,- entiéndase por procedurales aquellos en los que la organización tiene la posibilidad de indicarle al software cuál es el procedimiento a seguir- estas adaptaciones a los procedimientos o prácticas dispuestas por la software house creadora del software, pueden ser comunicadas al sistema sin modificar el código, con lo que se logra precisamente lo opuesto: que es que sea el sistema el que se adapte a la organización, respetando todas esas particularidades que ha adoptado la empresa misma.

La capacidad de absorción

Le da la posibilidad al software de adaptarse y posibilita la evolución de la llamada “mejor práctica” presente en el sistema en perfecta sincronía con la organización misma, al permitir incorporar las mejoras en forma transparente a medida que la organización misma vaya descubriendo cuáles cambios son los que le entreguen los mejores resultados.

En conclusión, se trata de cuestionar aquel dogma impuesto en el mercado de software, de que la “best practice” es universalmente válida a pesar del entorno en el cual se la desea introducir, y abrir un espacio donde las decisiones de elección de software se hagan en base a evaluaciones mas estratégicas que a la mera insistencia del marketing imperante en el mercado.

Osvaldo Dellacanónica
Socio -Gerente
Symbolic Systems S.R.L