Hace algunos días reunido con un gran amigo gerente general de una de las empresas más reconocidas del país me compartía su profunda frustración con su junta directiva a la que le propuso le aprobara un importante presupuesto para un verdadero proyecto educativo a nivel empresarial.

A mi amigo le parecía fundamental, para enfrentar los exigentes retos competitivos que nos darán el derecho a pertenecer al futuro, que toda su organización dedicara sus mayores esfuerzos a educarse a conciencia, ya que a él, según sus estudios, todo le indica que el actual conocimiento organizacional que ha prevalecido durante los últimos cincuenta años esta obsoleto. Una vez presentado el proyecto con toda rigurosidad, uno de los miembros más connotados de la junta le pregunto abiertamente ¿Sr. gerente cómo podría demostrarnos que eso de la educación es rentable? mi amigo sintió un profundo dolor al escuchar tanta ignorancia y después de enmudecer durante unos segundos, se dedicó a defender con vehemencia su proyecto. Los resultados, usted también los puede adivinar, el proyecto fue rechazado por carecer de argumentos que demostraran su rentabilidad.

Yo aun estoy conmovido y siento la urgente necesidad de descargar mi indignación y hacerla pública con usted amigo lector. La pregunta del “connotado” miembro de la junta con incredulidad y rabia me sigue repicando insistentemente en mi cabeza ¿cómo puede demostrarnos que eso de la educación es rentable? Nuestra empresa jamás ha sido educadora porque su meta máxima ha sido producir utilidades y para lograrlo requiere que su recurso humano esté muy bien preparado en las áreas que les son propias. La empresa ha preparado a la gente para que trabaje bien, no para que viva con calidad; por eso no le ha dado cabida a la educación sino a la capacitación. Además en el modelo jerárquico o autoritario centrado en hacer muy bien la tarea encomendada en el que ha transcurrido la vida empresarial no se requiere que el empleado esté educado sino capacitado, de esta manera se asegura su dependencia, su obediencia y su sumisión.

La empresa ha contratado del hombre su fuerza de trabajo y ha menospreciado el poder productivo de su espíritu, el hombre realiza un trabajo que enriquece económicamente a la empresa pero que empobrece su esencia individual que a su vez deteriora gravemente el desarrollo de la sociedad. Soy un convencido de que gran parte de la indiferencia social, la indolencia, los ambientes agresivos, la aguda fragmentación del hombre, la ansiedad, lo inalcanzable que se ha vuelto la felicidad, son la responsabilidad de un caduco modelo empresarial que ha dado la espalda al hombre en su esencia sagrada, la cual en la empresa se cultiva a través de la educación no de la capacitación. La educación enaltece y dignifica la vida, es generadora de serenidad y paz para el alma, armoniza el individuo desde su interior, le permite expresarse desde lo más profundo de su creatividad, e integridad; un hombre educado tiene capacidad de compromiso propio, actúa por pura convicción, todas sus relaciones se desarrollan dentro de una atmósfera de valoración y respeto. La educación tiene el poder de abrir las puertas de la sensibilidad cualidad propia de los mejores hombres.

Quedé maravillado cuando leí un caso empresarial de una agencia de viajes que creció en 15 años el 7500%. Cuando le preguntaron al gerente cómo lo había logrado su respuesta fue contundente: Colocamos la FELICIDAD en el lugar del trabajo. Otro caso es el de El Hard Rock Cofee un establecimiento para tomar café que se fundó hace diez años y que hoy cuenta con más de 6000 sitios en todos los EE. UU; su propietario lo vendió obteniendo grandes utilidades. Cuando se le preguntó por su magia para haber logrado semejante negocio tan exitoso, la respuesta fue la misma: me obsesioné porque cada empleado fuera feliz y lo expresara auténticamente, con vigor y dinamismo frente al cliente.

Está demostrado que empleados desgraciados, tristes con vidas confundidas, con corazones frustrados, cometen más errores, manejan pésimas relaciones interpersonales, se distraen con facilidad, se enferman con más frecuencia, su aprendizaje de procesos es más lento, mentalmente son cerrados, tienen muy poca disposición al cambio, desarrollan ambientes cargados de crítica nociva creadora de los continuos enfrentamientos internos, su motivación por realizar trabajos superiores es escasa. Es decir, los empleados infelices son enormes generadores de perdidas económicas reales. Tener un empleado insatisfecho es como tener un terrorista dentro de la empresa.

Es una verdadera lástima que las empresas busquen las utilidades bajando costos operativos y aumentando las ventas sin darse cuenta que el factor más rentable está dentro de su propia casa medio abandonado. Con el tipo de administración que reina en nuestras empresas, estas son grandes generadoras de muchas de las desgracias en que viven los empleados. Con mucha frecuencia las empresas contratan cursos de motivación (capacitación) para su personal, esta es una de las formas equivocadas que tienden a contrarrestar las malas actitudes que generan en sus corazones diariamente.

Todas las tendencias de la nueva administración, la nueva gerencia, la competitividad empresarial se fundamentan en la construcción de relaciones centrales en ambientes de entusiasmo, confianza, credibilidad, respeto; empleados autónomos, creativos, repletos de iniciativa, pensantes, con capacidad de asumir el riesgo propio de una gran responsabilidad, son los que están marcando el paso de las mejores compañías y todos estos aspectos sólo es posible lograrlos mediante un serio proyecto educativo, de ninguna manera obtienen una capacitación. Por eso educar es definitivamente la función más rentable que puede asumir una compañía que de verdad desee pertenecer al futuro. Una vez que se mejora la vida, la rentabilidad llega por pura lógica.

Sin duda alguna, la capacitación es necesaria pero por sí sola es incompleta; o acaso no se ha dado cuenta señor empresario que dos meses después de la jornada de capacitación las cosas siguen más o menos como estaban antes? Digamos entonces que en un hombre educado, la capacitación logra los mejores resultados.

La empresa confunde capacitación con educación (lo mismo que la universidad) y qué lejos está la una de la otra. La capacitación proporciona conocimientos elaborados, la educación es un ejercicio de aprendizaje fundamentado en el descubrimiento personal. La capacitación uniforma las mentes en un determinado conocimiento para ser aplicado, en cambio la educación libera el conocimiento para que la inteligencia con todo su potencial sea creadora de uno nuevo. La capacitación es una excelente herramienta que enriquece al intelecto, la educación es esencia que enriquece el espíritu, despierta y cultiva la conciencia. En suma, la educación perdura porque es transformadora de vidas, es el fuego que logra el milagro para que un hombre siempre de lo mejor de sí mismo.

empresa

Ahora señor empresario hágase una última pregunta: ¿es su empresa educadora o es igual a todas las demás? Me gustaría que reflexionara seriamente sobre muchos tópicos aquí tratados ya que en sus manos está la construcción de una empresa administrada con visión de futuro, en la que se parta de la educación como el más estratégico de los elementos empresariales, una empresa más justa, más rica en oportunidades de crecimiento individual y la más admirada por toda la sociedad.

Por Iván Mazo Mejía
Especialista en Mercadeo y Desarrollo Gerencial
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com