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Nos encontramos al borde de la denominada cuarta revolución industrial que, como las anteriores, está llamada a transformar buena parte, si no todos, de los ámbitos de nuestra existencia: cómo producimos, cómo consumimos, cómo nos relacionamos y cómo nos comunicamos, en definitiva, cómo evolucionamos como sociedad.

La primera revolución industrial estuvo sustentada en innovaciones tecnológicas como la máquina de vapor; la segunda tuvo a la electricidad y el petróleo como detonantes, mientras que la tercera revolución industrial eclosionó gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), que permitieron consolidar el proceso de globalización hoy irreversible. La actual revolución industrial está sustentada en un elemento aparentemente más etéreo, pero, como podrá constatarse en el presente artículo, omnipresente: los datos. En la economía del conocimiento, los datos son un insumo básico y clave.

Sin embargo, a menos que sea objeto de un proceso de refinamiento, procesamiento y análisis que le dote de utilidad, el dato en sí mismo no es generador de valor.
Los datos generados por ciudadanos, empresas, administraciones públicas y, más recientemente por los objetos (Internet de las Cosas, IoT) han aumentado exponencialmente en los últimos años y, a la espera del despliegue del 5G, la tendencia es imparable. Es de este crecimiento exponencial del volumen, la variedad y velocidad de generación de datos —de ahí el término big data— y de las mayores capacidades para su captura, almacenamiento, procesamiento y análisis (aplicando métodos de la ciencia de datos o data science), del que surge la denominada economía de los datos, un signo relevante de la cuarta revolución industrial.

El desarrollo de otros avances tecnológicos tales como el Internet 2.0 (redes sociales) y sucesivas, así como el sistema cloud (centros de almacenamiento y procesamiento remotos de datos), han contribuido a reducir las barreras de entrada de empresas y administraciones públicas a la inversión y el uso de herramientas digitales para optimizar y proteger los datos (germen de la información y del conocimiento).

La cuarta revolución industrial y la economía de los datos no puede entenderse de forma aislada de las ya universalmente adoptadas TIC (smartphone, fundamentalmente), el desarrollo de la biometría y la consideración de la economía, la psicología y la sociología, entre otras disciplinas.

Qué tipo de preguntas podemos responder con tal cantidad de datos

En términos de generación de valor, el big data puede desarrollar un mayor conocimiento sobre el perfil del cliente, una reducción en los costos mediante la detección y la resolución de ineficiencias y la creación de nuevos productos y servicios de información o la implantación de nuevos negocios. Por otro lado, la data science, que engloba métodos computacionales, matemáticos y estadísticos, nos permite responder a preguntas dentro del marco empresarial aplicando el método científico, pasando de la teoría a la práctica, describiendo, anticipando y prediciendo sucesos y prescribiendo acciones.

En cuanto a la regulación de los datos, la misma se basa en la salvaguarda de la privacidad de información sensible, generalmente mediante la prohibición de la divulgación o el uso indebido de información sobre personas físicas. La recopilación y el almacenamiento de datos personales por parte de entidades públicas y privadas demandan una serie de reglas de juego ante la exposición masiva de datos por parte de las TIC, especialmente Internet. Con el inminente desarrollo del IoT sustentado en la captura y el envío autónomos de datos por parte de objetos cotidianos conectados a Internet, además de implicaciones en materia de seguridad, también se desvelan nuevas preocupaciones en materia de privacidad y protección de datos, en este caso no necesariamente de carácter personal.

En términos geopolíticos, Europa es la región del mundo en que la protección de datos ha alcanzado un nivel más elevado, mientras que en Norteamérica es la privacidad la que ha alcanzado un alto grado de desarrollo. Los principios y derechos básicos para europeos contemplados en el estándar internacional quedan recogidos en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea.

Mercados y oportunidades de la cuarta revolución industrial

Dentro de la cadena de generación de valor del dato podemos encontrar diferentes agentes involucrados:

  • Empresas generadoras de datos.
  • Empresas tecnológicas.
  • Compañías de servicios analíticos.
  • Reguladores y entidades del ámbito académico.

La posición de cada agente responde, de alguna manera, a un punto de la cadena de valor del dato.

En la generación de datos de la cuarta revolución industrial, las compañías utilizan varias tecnologías que normalmente se encuentran separadas, por lo que la explotación de los datos que generan se convierte en algo nada trivial, incluso cuando en muchísimas ocasiones, grandes y pequeñas empresas por sí mismas no suponen una fuente de datos masivos. A su vez, dependiendo de la pregunta que queramos resolver, los datos disponibles en la compañía pueden darnos una visión demasiado parcial, que será necesario enriquecer con otras fuentes de información de carácter externo.

Por otro lado, la gran masa de datos supone un reto de capacidad para las empresas. Diferentes tecnologías solo permitían acceder a la economía de la información a las grandes empresas con capacidad para hacer fuertes inversiones en capital físico. Sin embargo, en la cuarta revolución industrial, sistemas como el cloud computing no solo posibilitan acceder a todas las empresas a este input sino que a su vez permiten ajustar el grado de demanda, dotándolo de flexibilización y eficiencia: transición de la economía «brick and mortar» a la economía de la información.

La economía de los datos está favoreciendo el surgimiento de nuevos modelos de negocio —tanto locales como globales— que están reconfigurando la estructura de muchos mercados y sectores productivos, permitiendo aumentar la eficiencia en la producción y, sobre todo, en la distribución de bienes y servicios, ya sean estos tradicionales o nuevos.

Innovación y transparencia están desdibujando las barreras de entrada en ciertos mercados que se basaban en la información, fomentando una reorganización de los negocios tradicionales al aparecer nuevas empresas que impulsan una mayor competencia en el mercado en esta revolución industrial.

migración de datos

Imagen: Integral IoT Experts

Un elemento básico y diferencial en el que se apoyan estas nuevas empresas de la economía de los datos es la transparencia. Puesto que los mercados funcionan como transmisores de información —a través de los precios y las cantidades de los bienes y servicios que ofrecen y las decisiones que toman los consumidores y oferentes—, su mayor afluencia y transparencia reducen tanto los costos de transacción como los problemas derivados de la asimetría de la información. De esta forma, se introduce una mayor disciplina entre los operadores tradicionales. Estos sistemas corrigen o alinean a través de la reputación los incentivos de la oferta y la demanda, y permiten una asignación más eficiente de los recursos por parte de ambas partes del mercado.

Las plataformas digitales, que desde un punto de vista económico actúan como intermediarios entre oferentes y demandantes de un mercado que, al igual que en el escenario tradicional, con esta revolución industrial ya han transformado un amplio abanico de industrias (las pioneras son aquellas relacionadas con contenidos educativos, informativos y culturales, transporte, alojamiento o compraventa de bienes y servicios minoristas) y seguirán haciéndolo en otros sectores.

Por regla general, las plataformas digitales se benefician de economías de escala, ya que sus actividades de intermediación implican elevados costos fijos. Además, una característica natural de las plataformas es que cuanto mayor es el número de empresas que ofrecen sus bienes o servicios, mayor posibilidad de elección tendrán los consumidores. Es lo que se conoce como economías de red, cuya existencia no deja de constituir un importante desafío para la regulación, puesto que habilita a las plataformas a erigir nuevas barreras de entrada a medida que las redes se multiplican bajo la misma plataforma. Esto significa que la utilidad de los consumidores en un lado del mercado aumenta conforme lo hace el número de consumidores en el otro lado. Este efecto plantea implicaciones importantes tanto para las estrategias de negocio como para las estructuras de los mercados con múltiples lados.

La revolución digital y la revolución industrial que supone el desarrollo de la economía de los datos ha abierto el debate del impacto que ejercerá sobre el empleo. En la medida en que las máquinas puedan reemplazar parte o la totalidad de algunas tareas desarrolladas actualmente por trabajadores, gracias al procesamiento de información de manera instantánea (machine learning) o los nuevos avances en la producción industrial (como la impresora 3D o el vehículo autónomo), resulta inevitable pensar que buena parte de los puestos de trabajo que conocemos hoy desaparecerán o, como mínimo, sufrirán un proceso de transformación. Sin embargo, la revolución digital y la revolución industrial también abre un importante y variado abanico de oportunidades laborales que es conveniente conocer y aprovechar.

La demanda de perfiles digitales no solo ha crecido de forma exponencial en los últimos años, sino que está llamada a ejercer un papel relevante en la nueva estructura del mercado de trabajo. Principalmente, destacan estas tres figuras:

  • El director de datos o chief data officer (CDO).
  • El ingeniero de datos o big data engineer.
  • Los directores de seguridad y protección de datos.

Los rasgos que se deben destacar de este tipo de perfiles laborales son el dominio de múltiples disciplinas (matemática, estadística, ingeniería, informática y negocios) y la adaptación a entornos cambiantes.

Retos de la cuarta revolución industrial

Aunque la economía digital ya es el presente, de cara al futuro todavía persiste una serie de retos y, entre los mismos, destacan la titularidad y la residencia de los datos; la privacidad, la soberanía, la seguridad y la transparencia, y la medición de su contribución a la economía.

La estrategia europea del Mercado Único Digital tiene el propósito de mejorar el acceso de los consumidores y empresas a los bienes y servicios digitales en toda Europa, y a la creación de derechos para los productores de datos. Esta legislación procura resolver el trade-off entre el derecho a la propiedad intelectual, la privacidad y la innovación.

La sociedad todavía no ha asimilado la infinidad de información que produce y revela diariamente, muchas veces escapan a su control (por ejemplo, en el uso descuidado de las redes sociales). Esto provoca que la preocupación relativa a la privacidad de la información sea creciente, por lo que una serie de mecanismos tales como términos y condiciones de uso, avisos de privacidad y la eliminación o anonimización de contenidos, se están implementando recientemente.

La residencia y el almacenamiento de los datos es un factor clave para la soberanía y la construcción de la economía digital, por lo que los gobiernos procuran adaptar la jurisdicción para mejorar su control. Evitar el uso no autorizado y la corrupción de datos es otro de los retos, por lo que la seguridad se basa en la prevención, en evitar pérdidas de datos y en la monitorización de los canales de transición mediante técnicas de encriptación, tokenización y gestión de claves, englobando todas ellas bajo el concepto de ciberdefensa.

Dado que el mismo dato puede circular por la red durante muchísimo tiempo, el RGPD considera de máxima importancia el cumplimiento del derecho de información que todo titular de los datos tiene que tener sobre el tratamiento, el uso y el destino que se aplicarán a los datos personales de su titularidad.

Cuánto contribuye la economía de los datos a la economía

Realmente no existe un consenso definido en torno a la contribución de la economía de los datos al crecimiento. El sistema tradicional de medición a través del Producto Interior Bruto (PIB) se calcula a partir de las operaciones de compraventa llevadas a cabo en el mercado que llevan asociado un determinado precio, es decir, se basa en lo que se conoce como economía de mercado. Sin embargo, este enfoque convencional para la medición de la actividad económica, que ha servido para calcular el valor de los modelos de negocio tradicionales, no necesariamente puede valer para estimar el volumen de negocio que es capaz de generar la Economía de los Datos.

La revolución de los datos ha impregnado prácticamente todas las esferas de la vida cotidiana, y se ha abierto un debate sobre la capacidad de las estadísticas y metodologías empleadas hasta la fecha para captar, precisamente, las nuevas relaciones comerciales características de la economía digital, en general, y de la economía de los datos en particular. La cuarta revolución industrial supone, por tanto, un replanteamiento de la manera en la que las estadísticas recogen la realidad socioeconómica que emerge con el desarrollo de la economía de los datos, obligando a los sistemas de cuentas nacionales a reinventarse.

Fuente: Fundación Telefónica, Economía de datos.

Adaptado por la División consultoría de EvaluandoSoftware.com

 

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