La polarización de las economías de masa, significa que, en determinados sectores, las economías de escala y experiencia están desapareciendo, mientras que en otras se están intensificando.

Polarización negativa

La polarización «negativa», en la que las economías basadas en la escala y la experiencia se han debilitado, conduce a la fragmentación de actividades, a menudo llegando al extremo en que las empresas son sustituidas por individuos como actores principales en algunas comunidades.

Polarización positiva

La polarización «positiva», donde estas economías se han fortalecido, conduce a la concentración de actividades; ejemplos extremos serían las compañías de servicios públicos, las cooperativas o los monopolios. La consecuencia combinada de estas tendencias es reemplazar la organización «vertical» por una «horizontal», en una transposición de la matriz industrial.

Economías de masa

Esto no convierte en obsoletas las empresas tradicionales, pero a menudo significa que tienen que rediseñar su papel y replantearse su definición de negocio. Necesitan establecer relaciones colaborativas con comunidades, en especial las de usuarios, en las que los individuos o los propietarios individuales son más flexibles, están mejor informados sobre el uso final de los productos o pueden innovar con costes más bajos.

En una industria de estructura tradicional, los negocios compiten en cadenas de valor similares e integradas verticalmente que abarcan todo un conjunto de actividades heterogéneas y más o menos secuenciales: abastecimiento, mecanización, ensamblado, distribución, publicidad, etcétera.

La ventaja de un elemento puede muy bien verse neutralizada por la desventaja de otro. Muchas actividades están experimentando un regreso a la escala y/o la experiencia —he acuñado la expresión «de masa» para englobar ambas—, pero muchas otras no.

Incluso puede haber actividades que han vuelto a la masa con efectos negativos; a saber, cuando se hacen más grandes pierden flexibilidad y aumentan los gastos generales. Por esta razón, extrayendo el patrón medio de todos los componentes de la cadena de valor, hemos observado sólo un aumento leve de los beneficios para el negocio en su conjunto. Por tanto, en una industria ya consolidada podrían sobrevivir múltiples competidores y su rentabilidad estaría relacionada de forma positiva —aunque no abrumadora— con la cuota de mercado.

Pero la deconstrucción, al descomponer distintos eslabones de la cadena de valor y permitirles que evolucionen de manera independiente, socava el patrón «medio» de beneficios de las economías de masa. En lugar de ello, cada elemento de la cadena evoluciona según sus propias leyes.

Si las economías de masa son negativas, su actividad se fragmentara, quizá dando lugar a un conjunto de entidades de pequeño tamaño, como las comunidades de desarrolladores y productores que florecen en plataformas como iOS, Alibaba y Valve. En casos extremos, individuos autónomos forman comunidades para practicar la «producción entre pares» de bienes de información. Los usuarios del bien o servicio son a menudo los más motivados y están óptimamente posicionados para hacer mejoras por interés propio. Además, si la contribución es información, compartir sus mejoras no les comporta costo alguno. Las contribuciones pueden hacerse en cantidades tan pequeñas que las motivaciones no económicas —ya sea diversión, altruismo, reputación o búsqueda de reconocimiento— pueden bastar. Esto tal vez se deba únicamente a que las personas están deseando donar su trabajo, a que las tareas pueden desmenuzarse ahora en partes más pequeñas con costos bajos, a que la gestión jerárquica se limita en determinadas circunstancias a estar ahí sin intervenir o a que existe un fenómeno inefable y emergente de inteligencia colectiva, pero el caso es que funciona. De ahí Wikipedia, Linux o la cartera de reseñistas de libros de Amazon. Edificios intelectuales coherentes construidos con miles de contribuciones autónomas y no remuneradas.

Lo que resulta nuevo aquí no es la posibilidad de que existan comunidades productivas (que son, después de todo, una forma tribal de coordinación que antecede tanto a los mercados como a la organización jerárquica), sino la nueva capacidad que tienen las comunidades de expandirse (es decir, de aumentar su tamaño o escala). Con la escala llegan la complejidad, la estructura emergente y la fuerza gravitatoria del efecto red.

Para ciertas clases de producción, las comunidades de escala global no solo consiguen hacer las cosas, al mismo tiempo también obtienen ventajas económicas sobre jerarquías corporativas y mercados tradicionales.

Y si las economías de masa son claramente positivas, también puede ocurrir lo contrario. La actividad se concentra y pueden convertirse en monopolios. En ocasiones, las economías de escala han estado presentes, pero encerradas e inaccesibles dentro de las cadenas de valor de empresas rivales. Otras veces, como con las redes de fibra óptica, la ciencia genómica, la informática en la nube y por supuesto los big data, las economías de escala han prosperado gracias a las nuevas tecnologías.

Fuente: Philip Evans Boston Consulting Group, BBVA Openmind, Reinventar la empresa en la era digital.

Adaptado por la División consultoría de EvaluandoSoftware.com