¿Una biblioteca por un libro?

Conocí, hace unos años, a un reconocido ilusionista italiano, coleccionista de libros antiguos de la especialidad, que estaba tras un incunable de 1593. Pasó mucho tiempo buscándolo. Finalmente, encontró una persona que lo tenía y que estaba dispuesto a venderlo. El problema era que lo ofrecía con toda su biblioteca. Es decir, para comprar ese libro -un libro-, este amigo coleccionista debía comprar la biblioteca entera.

Ya que era la única forma de conseguir el objeto tan preciado, lo hizo. Compró la biblioteca entera. Poéticamente, el hecho se justifica a sí mismo. Yo amo los libros y estoy seguro que, de haber podido, hubiera hecho lo mismo. Aclaro esto porque le quitaré a la historia todo su contenido romántico para poder utilizarlo como metáfora y explicar una tendencia actual y sus claros beneficios. La tendencia de consumir, de utilizar; frente a la de poseer.

¿Para qué comprar algo, almacenarlo, mantenerlo, protegerlo si hay una oferta ilimitada de objetos y servicios al alcance de la mano con sólo apretar un botón o firmar un contrato por la web? Mejor consumir que poseer, mejor pagar por el uso que comprar.

Si todo está ahí, disponible ¿para qué comprarlo?

Si lo único que nos interesa es la información de ese libro (y no satisfacer el amor de coleccionistas) y ese libro está en una biblioteca pública, ¿no convendría pagarle la cuota a la Biblioteca y retirarlo siempre que querramos consultarlo? ¿Para qué comprar una biblioteca entera? ¿Para qué pagar tanto dinero, para qué poner todo el cuidado desmedido que habrá que poner? ¿Para qué enfrentarse con la necesidad de un espacio físico que no tenemos (o que es desproporcional a lo que tenemos), cuando lo que queremos es leer una página específica?

Costo alto, cuidado elevado, alta disponibilidad de espacio físico, información repetida. Ahora bien, esto aplica para todo tipo de contenido y bienes de consumo. Pensemos en los teléfonos celulares. Nadie instala una central telefónica en su casa para comunicarse. Hace lo que hacemos todos: contratar un servicio y pagar por lo que se habla.

Pues bien, ese mismo razonamiento es el que opera en el mundo actualmente y está definiendo el consumo cotidiano. Streaming por descarga (la reproducción instantánea de música y videos desde webs remotas sin necesidad de guardarlos en el disco rígido); uso de software online por encima de la instalación de programas en la PC; almacenamiento en la ‘Nube’ (Dropbox, SkyDrive, Google Drive) en lugar de almacenamiento local; juegos on line por consolas de juegos.

Como dije, la tendencia no es exclusiva del mundo digital. El leasing (alquiler con derecho de compra) o el renting (alquiler puro y duro) están llevándolo al mundo físico. Autos, material informático y médico, computadoras y cualquier producto que tenga pueda volverse obsoleto rápidamente puede ser susceptible de estas fórmulas. Mi trabajo es estar al tanto de las tendencias tecnológicas y las innovaciones, pero no digo todo esto porque lo sé, sino porque lo practico.

Todos los servicios principales de mi empresa, por ejemplo, están en la Nube. Correo electrónico, documentos, material institucional, ERP, CRM, plataformas de desarrollo de software e incluso, todos los fuentes de nuestros sistemas.

Fuimos poniéndolo en práctica por conveniencia, no por seguir una moda. Lo hicimos porque las ventajas eran contundentes. Son las que mencionaba antes y hay más todavía. Son todas las que pueden imaginarse al pensar en por qué no hay que comprar una biblioteca, si lo que necesitamos es leer.

Gustavo Guaragna
Presidente y CEO de Snoop Consulting
www.snoopconsulting.com

 

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